¿Por qué aprender griego?

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Motivos para aprender griego

Ventajas de aprender griego

  • Es la lengua en la que se constituye por primera vez un alfabeto gracias a la introducción de las vocales; alfabeto que sirve de base para la formación de otros alfabetos y nuestro abecedario latino
  • Es una lengua de más de cuatro mil años de desarrollo lingüístico e histórico, ha sobrevivido a lo largo del tiempo, sufrido cambios y sorprendentemente continúa siendo usada hasta nuestros días. Matemáticamente es una lengua considerada estable. Es la lengua antigua más hablada hoy en día en todo el globo terráqueo.
  • Es la lengua madre o por lo menos la lengua-base de todas las lenguas de la tierra en lo que respecta palabras-nombre atribuidas a ideas abstractas y teóricas (etimologías), que fundan la base del pensamiento y conocimiento occidentales (arte, política, filosofía, literatura, lengua, cultura, sociedad, matemática, física, química, etc.).
  • Es la lengua-monumento de una desconocida época (antidiluviana) en la historia, como se demuestra matemáticamente en la innumerabilidad de su producción literaria hasta hoy; monumentos que se salvan hoy (Homero), contienen una enorme riqueza de vocabulario, de conocimientos e ideas, cuya creación presupone una cultura que fue promovida y duró muchos milenios.
  • Es la única lengua “de la cual el nombre es semejante a la cosa y sus elementos (sus sonidos eufónicos y sus letras plásticas, por las que es conformada cada una de sus palabras) son semejantes a las cosas natas de la naturaleza”, como dice Platón en el Cratilo, y, por consecuencia, es la única lengua en la que cada palabra fue elaborada obligatoriamente así, porque sólo así denomina lo verdadero (motivadamente), la cosa (lo señalada o significado), mientras en todas las otras lenguas tal elaboración de las palabras resulta arbitrariamente sonora y gráfica (sin motivación alguna), con tales elementos constituyentes (sonidos y letras) el primer hablante consiguió utilizarla y establecerla, siendo, finalmente, imitada por los otros, los cuales, de manera convencional, la transmiten, siguiendo el mismo procedimiento de expansión de la lengua.
  • En griego está escrita una de las más importantes y primeras gramáticas: La Téchne Grammatiké de Dionisio de Tracia, quien aporta conceptos fundamentales para el estudio de las lenguas (acento, momento o tiempo verbal, sílaba, palabra, nombre, verbo, conjugación, participio, artículo, antonimia, preposición, adverbio, nexo o conjunciones, etc.)
  • Es una lengua que se habla y se escribe como todas las lenguas del mundo, es decir, tiene un fin comunicativo.
  • Los sonidos del griego, su pronunciación, son muy semejantes a los del español, por lo que no implica un mayor esfuerzo como la mayoría de las lenguas.
  • El conocimiento del griego facilita la comprensión y el aprendizaje de las lenguas indoeuropeas e incluso no indoeuropeas, como las lenguas asiáticas, en las cuales coexisten palabras helénicas obviamente adaptadas.
  • Cuando hablas, utilizas el griego.
  • Amplia tu vocabulario e incrementa tus conocimientos sobre cualquier tema o área de estudio. Te permite identificar conceptos e ideas de tu entorno desde su esencia.
  • Puedes acercarte a la mitología, a la historia, a la filosofía, a las letras, al pensamiento, fundadores de nuestra cultura, en su lengua original y descubrir nuevas ideas, que ningún autor ha mencionado, e incluso dilucidar ideas o conceptos falsos.
  • No es una lengua difícil, compartimos sonidos y palabras semejantes.
  • No es una lengua erudita, es una lengua comunicativa y convencional como todas.
  • No es una lengua antigua, es una lengua actual cuya riqueza histórica y belleza lingüística son semejantes a las del español.

El Árbol (poema griego de Zoé Karelli)

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El Árbol

Zoé Karelli

(de Poemas, Hermes, 1996)

Traducción: Alejandro Aguilar.

Fotografía: A primeira luz, Pedro Moreira

 

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Me extiendo como las ramas, como las hojas,

sensaciones tengo alrededor de mi cuerpo, recuerdos

murmullan, se tocan, se mueven

tranquila o fuertemente.

 

Parecen iguales las ramas,

el viento de la vida

con juegos y luces,

muestra su diferencia.

 

Parecen iguales todos los días,

pasan por encima de mí.

Me rodea el día,

la noche me abraza.

 

Se doblan las ramas, las hojas,

los recuerdos, las sensaciones chocan contra mí,

pájaros hacen su nido en secreto,

voces escondidas en las más densas

y frondosas ramas de la fantasía.

 

Como si se avecinara una tormenta,

el embellecimiento de las cosas me golpea.

Mi cuerpo recto se sostiene,

se queda inmóvil el alma y crece

como si no le importara mi atavío…

 

que se va y regresará,

se marchita y se cae

para brotar otra vez mi vida.

Salvadores (poema griego de Paul Nor)

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Salvadores

(1-2, 9-14)

Paul Nor

(de Obras líricas y satíricas completas, Difros (Asiento), 1977, 32).

Traducción: Alejandro Aguilar.

 

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¡Salvadores otra vez llenaron la desdichada Grecia!

¡Salvadores son frutos abundantes de esta época!

[…]

¡Dejará Grecia de ser Grecia!

¡Se volverá la Salvación!

Otros serán socorridos también por esta riqueza salvadora,

porque todos son sus Salvadores, Salvadores de sí mismos.

Esforzándose por esto, se fatigan y sudan,

después no tienen tiempo de salvar su patria.

Cinco poemas en la Oscuridad. Imagen. (poema griego de Nikos Karouzos)

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Cinco poemas en la Oscuridad. Imagen.

Nikos Karouzos

(de Los Poemas I, Ícaro, 1993)

Traducción: Alejandro Aguilar.

 

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Regresa solo

a sus labios un silencio respirable por todos lados, como siempre, sus cabellos de pájaros.

Pálido

con sueños arruinados, intacto,

agua corriente en las cunetas, griego pálido.

Siempre la calle, dentro de sus ojos

y el resplandor del fuego que hospeda a la noche.

Regresa solo

a sus manos una rama de olivo,

lleno de dolor se pierde en los crepúsculos,

siente que todo está perdido.

No le hablen, no está haciendo nada,

sus manos en sus bolsillos

son como dos granadas de manos.

La brevedad del sueño (poema griego de Nikos Karouzos)

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La brevedad del sueño

Nikos Karouzos

(De Los poemas I, Ícaro, 1993)

Traducción: Alejandro Aguilar.

 

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Corre durante el alba el venado,

mi dicha es semejante eco

aquí donde habito,

un pájaro asciende del humo al amanecer.

Ahí viene el Atrevido,

ha degollado el cordero en las fuentes de agua.

Nube triunfal, vehículo antiguo, ahí esta el Arrojado,

lo tiran caballos perforados en sus resplandecientes costados.

Me encuentro dentro del vehículo y voy

hacia mi destino desconocido.

La filosofía y la medicina (frase de Dionysios Therianós)

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O φιλόσοφος ομοιάζει προς ιατρόν· όπως πάσα η σπουδή της ιατρικής στρέφεται περί το τέλος, δηλ. την υγίειαν, ούτω τέλος πάσης φιλοσόφου ζητήσεως είναι η ευδαιμονία.

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El filósofo se parece al doctor: todo estudio de medicina va dirigido a su fin último, que es la salud, mientras que el fin de toda búsqueda filosófica es la felicidad.

Niebla (narración de Giorgos Ioannou)

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Niebla

(de Giorgos Ioannou, La única herencia, Kedros, 1982)

Traducción: Alejandro Aguilar

 

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No sé ya que ocurre con la neblina cuando sigue cayendo espesa o se perdió completamente como la escarcha sobre las tejas matutinas. Viendo la escarcha virginal reluciendo por todos lados, decíamos: "Hizo frío en la noche" o "las verduras se van a hacer más dulces con la escarcha, vamos a hacer dolmades".

Cuando llegaba la época de neblina, tenía siempre mi mente puesta en ella. Día tras día esperaba que me cubriera y perderme yo, invisible, en su interior. Me afligía mucho, sin embargo, cuando caía todos los días, a la hora que era castigado con los papeles en la oficina. Rogaba que durara hasta la noche, pero regularmente, alrededor del mediodía, era dispersada por un sol especialmente desagradable.

Pero, una vez, cuando despertaba la tarde, la hora en que decía que iría al cine o a la cafetería, veía por todos lados, desde la ventana, la inmensa vista de la niebla, cambiaba inmediatamente de planes y de rumbos. Levantaba el cuello de la gabardina, bajaba con seguridad las escaleras y me iba hacia la playa, sin más rodeos. La niebla es para que camines en ella. Atraviesas algo que es más denso que el aire y te sostiene. Pero también había algo más, niebla sin puerto es algo incompatible.

La niebla era aún más dulce, cuando se bordaba en lo más alto aquella lluvia, una lluvia muy alta en nuestro cielo. Esa que no te moja, pero te riega solamente para que brote tu cabello la próxima semana. Y entonces adquirían sentido las luces, los tranvías y los cláxones. Incluso las casas se volvían seductoras en la vaporización.

Después llegaba a la cafetería del puerto, aquél que desde hace años está ya destruido, a reencontrarme con mis amigos. Y cuando no estaba ahí -y no estaba nunca ahí- me sentaba horas y esperaba. Detrás de los vidrios caminaban en fila las sombras de aquellos, que ahora han muerto. Pegaban su cara por un momento en el vidrio empañado y otros entraban (a adentro), mientras otros se dirigían al este, a la Torre de la Sangra. Aunque nadie me lo señalara, salía y seguía una sombra, que nunca pude atrapar.

No me acuerdo de dónde venía la niebla, probablemente bajaba de lo alto. Ahora, siempre, sale de lo profundo de los sueños. En aquella época vivíamos cubiertos con un sombrero pesado, que se tomaba con presión para que se mantuviera bien.

Cae mucha niebla, me vuelvo uno con ella, y comienzo. Sigo otras sombras nombrándolas. Camino observando el empedrado; éste en muchas calles y callejones todavía se conserva. No existe, con certeza, dentro de las piedras, la hierba fina, que había brotado entonces. Todo ha sido destruido o secado. Ninguna muerte es buena. Ay, si fuera verdad aquello que dicen, que volveremos a encontrar a todos…

Siguiendo las sombras, entro siempre a la misma calle. Los árboles y las plantas se cosechan en la soledad y en la turbiedad. Se vuelven como castillos enormes. Llego a la arrogante casa cubierta de yedra y follaje. A pesar de que las sombras vacilan como si me señalaran, yo no me acerco al portón. Me imagino que sólo alguna cara querida me convencerá alguna vez a pasar.

Me voy y me vuelvo a perder entre los tranvías, las luces y el movimiento. Mi mente está pegada a la niebla y a todo lo que vi dentro de ella. Intentando olvidarme, camino mucho las noches aniebladas. Siento algún alivio con el caminar. Los grandes castigos se filtran poco a poco en el cuerpo y se canalizan de los pies al piso húmedo.

Déjame tranquilo (poema griego de Dimakis Minás)

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Déjame tranquilo

Poema de Dimakis Minás

(de Camino entre la noche, Ermes, 1999)

Traducción: Alejandro Aguilar

Fotografía: Retrato de dos ninfas, Salvador Pozo

 

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Ahora te considero entre los fantasmas,

llenan mis horas,

llegan por debajo de mi ventana,

chillan,

me piden a mí o los sueños perdidos,

revocan la primera juventud

con los destellos

que no regresan.

¡Que no regresen nunca!

Por lo menos quince veces me he enamorado

hasta la muerte

por seis meses, por un año,

a lo máximo tres años,

y no calculo las miles de aventuras,

duraron de una noche a una semana

en camas, parques, playas de arena,

así he medido mi vida

y todavía no me he cansado.

Eres mi décimo sexto gran amor,

el último,

piensa si piensas,

más bien pensemos

ahora en suicidarte o en suicidarme,

sería un poco gracioso;

probablemente madrugué frente a tu puerta por última vez,

más por nerviosismo,

¡pero otra vez persigueme mientras te persiguen!

Con aquellos tus famosos veintidós años,

tus ojos que recuerdan mares

y, algunas otra veces, brumas;

tu boca,

¿dices que no existe otra boca más bella?

Tu cuerpo

que se desgasta inevitablemente.

Corre para que lo consigas.

El único recuerdo

al lado del recuerdo,

son un único recuerdo,

la única cara entre mil caras

es sólo una.

No sé, nunca sufrí tanto,

tan poco.

Déjame tranquilo