La historia de la Basilópita (Navidad griega)

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La historia de la Basilópita
 
La basilópita es una costumbre griega tradicional.
El cortarla es de las tradiciones más ancestrales que sobrevivieron al mundo cristiano.
En la antigüedad se tenía la costumbre del "pan ceremonial", el cual en grandes festejos rurales los griegos ofrecían a los dioses.
Tales fiestas eran las "Thalysias" y las "Thesmophorias".
En las Kronias (festejo del dios K(Ch)rono, que adoraban en Grecia, y en las "Saturnalias" de Roma, preparaban dulces y empanadas (pitas), dentro de las que ponían monedas, y a quien le tocara ese pedazo, era considerado el suertudo de todos los que se reunían.
La tradición ortodoxa relacionó la costumbre con la basilópita (empanada o pastel de Basilio, cuyo nombre proviene del vocablo "basilefs; βασιλεύς, que significa rey).
 
En Cesaria
Alrededor de la basilópita existen muchas leyendas y una de las más contadas dentro de la tradición cristiana es la siguiente:
Se trata de una historia que ocurrió hace miles de años, aproximadamente 1500 años, en la ciudad de Cesaria en Capadocia, en Asia Menor.
El Gran Basilio era el Obispo (una especie de soberano) de Cesaria y vivía armónicamente con sus semejantes, con amor, comprensión y ayuda entre sí.
Un día, sin embargo, un insanciable general -tirano de la región- pidió que le fueran dados todos los tesoros de la ciudad de Cesaria, o si no asediaría la ciudad para conquistarla y saquearla.
El Gran Basilio oraba la noche entera para que Dios salvara la ciudad. Amaneció el nuevo día y el tirano decidido con su ejército cercó inmediatamente la ciudad de Cesaria.
Entró con su séquito y pidió ver al Obispo, el cual se encontraba en el templo y oraba.
Con descaro y ánimo, el despiadado tirano solicitó el oro de la ciudad, además de cualquier cosa que hubiera en ella.
El Gran Basilio respondió que los hombres de su ciudad no tenían nada más allá de hambre y pobreza, no tenían nada valioso que dar al tirano ladrón.
El tirano, con lo que escuchó en esas palabras, enfureció aún más y comenzó a amenazar al Gran Basilio con que lo exiliría muy lejos de su patria o incluso con que lo mataría.
Los cristianos de Cesaria querían mucho a su Obispo y quisieron ayudarlo.
Reunieron, pues, de sus casas, lo que tenían de joyas y se las ofrecieron para que, dándoselas al tirano, se salvaran.
Mientras tanto, el impaciente estaba a punto de desatar su maldad. Organizó enseguida su ejército para imponerse sobre el pobre pueblo de la ciudad.
El obispo, el Gran Basilio, que quería proteger su ciudad, rezó y, después, presentó al tirano lo que había reunido de joyas dentro de un cofre.
Al momentó que el tirano iba a abrirlo y a tomar los tesoros, con tan sólo haberlos tocado con sus manos, sucedió un milagro.
Todos los que estaban reunidos vieron el brillo e inmediatamente después un jinete luminoso abalanzándose sobre el cruel tirano y su séquito.
En poco tiempo, el malvado tirano y los suyos desaparecieron.
El caballero luminoso era San Mercurio y sus soldados, los ángeles.
Así fue salvada la ciudad de Cesaria.
El obispo entonces, el Gran Basilio, se encontró en una posición difícil. Debía repartir las joyas con los habitantes de la ciudad, siendo la repartición justa, es decir, que cada uno tomara lo que era suyo. Eso era muy difícil.
Rezó una vez más y Dios lo iluminó con lo que debía hacer.
Llamó a sus diáconos y ayudantes y les dijo que amasaran panecitos, en los cuales, dentro de cada uno, pusieran también las joyas.
Cuando los panes estuvieron preparados, los compartió, como una bendición, con los habitantes de la ciudad de Cesaria.
Al comienzo todos se extrañaron, pero fue mayor su sorpresa cuando cada familia cortaba ese pan y encontraba dentro sus joyas.
Era, pues, un pan sin distinción, la basilópita, pues traía a los seres humanos dicha y bendición juntas.
Desde entonces preparados también nosotros la basilópita con la "moneda de oro (flourí)" dentro, el primer día del año, día de San Basilio.
La basilópita es una costumbre consagrada de muchos siglos, transmitida de generación en generación, con la finalidad de recordarnos el amor y la bondad de este hombre Santo.
 
Traducción: Alejandro Aguilar

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